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Consideraciones sobre el estilo: El autor no es el narrador (C.Ros y O. Delgado)

 

A continuación os transcribo un articulo encontrado escrito por Carmen Ros y Omar Delgado, que creo que expresa claramente lo comentado en la lección teórica.

NARRADOR Y AUTOR
“qui parle (dans le récit) n’estpas qui écrit (dans la vie) et qui écrit n’est pas qui est.”
(Quien habla (en el relato) no es quien escribe (en la vida) y quien escribe no es quien es.)
Roland Barthes, Introduction á l’analyse structurale des récits, 1966, pág.20.

En la génesis de una obra literaria, hay varias figuras que participan de ella. Tomando en cuenta una narración como un proceso de comunicación, se deben de tener las dos figuras esenciales de esta: el receptor y el transmisor. El primero, aparentemente sería el lector, y el segundo, el autor, pero esto no es del todo cierto. Para que se logre crear una ficción narrativa convincente es necesaria la presencia de otras dos figuras: el narrador y el narratario.
El Narrador es un “desprendimiento” o “desdoblamiento” del autor. Es quien emite el discurso literario. Debe ser lo suficientemente convincente como para evocar al narratario en el lector.
El Narratario por su parte, es un “desprendimiento” o proyección del lector, el cual recibe el discurso literario de parte del narrador. Este narratario es quien se va a creer la ficción que le presenta el narrador, quien se dejará convencer y vivirá todas las emociones que le está transmitiendo.
Para Jakobson, el narratario es un protagonista pasivo del proceso de enunciación. El narratario corresponde a la figura de un destinatario que puede ser explícito o tácito. Cuando el destinatario de un relato es interno (que está dentro de la narración), podemos hablar de narratario.
El destinatario interno de un texto narrativo es siempre conocido y preciso.
Nido de víboras de Mauriac se inicia como una larga epístola dirigida por el narrador (Luis) a su esposa (Isa); El lirio en el valle de Balzac es una extensa carta, un largo relato expresamente dirigido a la condesa Natalie de Manerville. [...] Pascual Duarte destina sus memorias al Señor Joaquín Barrera López Mérida. En los textos narrativos, este destinatario interno o narratario puede ser ficticio, como en los casos arriba mencionados, o verdadero. [1]

Ambas entidades forman parte del texto literario, pues mientras una elabora y estructura el discurso narrativo, el otro se deja seducir por el mismo.

AUTOR
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”
No es Juan Rulfo quien nos habla. Él escribió estas líneas, pero quien nos dice esto es una entidad distinta de Rulfo, una entidad que se generó en él, pero que también es muy diferente al hombre. Rulfo le da un nombre: Juan Preciado, pero no es necesario que se llame así; es más, ni siquiera es obligatorio que tenga nombre. Esta entidad es quien conocemos como Narrador.
“El autor es el hombre o la mujer que escribe; es el ser humano, la figura histórica, el individuo parte de un tiempo y de una sociedad en particular (En el caso de Rulfo, es el hombre que nació en 1917 y murió en 1986, quien venía de Jalisco, quien fue burócrata y después escritor). Es quien en un momento de su vida se dispone a escribir una novela, un cuento, un relato. Al escribir, el autor se coloca “más allá” de la ficción literaria, está por encima de la ilusión provocada por su propio relato. Mientras escribe, desempeña el papel del constructor del relato. El narrador siempre será un “segundo yo” o una “proyección” del autor.
En “literatura”, el autor es una convención bastante diferente de lo que el autor es para el resto de la producción escrita. [...] En el campo literario, la noción de autor supone una entidad algo diferente: un hombre de oficio (poético) acuciado por el afán de crear y, sobre todo, de haber creado. [...] No es bastante decir que da la palabra a un narrador (entendiendo por narrador esa entidad precisa que cuenta en lenguaje mimético, y con crédito irrestricto por parte de los lectores). [...] Al margen de este lenguaje estrictamente narrativo, las dudas, interrogaciones, apreciaciones, reflexiones, generalizaciones –lo que se ha dado en llamar intrusiones–, que atribuimos al autor no siempre trasuntan el pensamiento real del escritor, del hombre-que-escribe. Tales reflexiones, que no pueden pertenecer al narrador -porque otra es su misión-, tampoco suelen ser las del hombre: son exigidas por el relato (el libro), y aportadas por el oficiante.
La categoría de “autor” es la del escritor que pone todo su oficio, todo su pasado de información literaria y artística, todo su caudal de conocimiento e ideas (no solo las que sustenta en la vida) al servicio del sentido unitario de la obra que elabora. Esta entidad que llamamos ‘autor’ asoma muchas veces en el texto (libro), detrás del narrador, no confiando enteramente en él, arreglando, componiendo, aclarando, , acotando, completando. Su intervención es a veces solapada y sutil, otras es burda e insufrible. Esa imagen del autor, no es por consiguiente, una para todos los libros de un mismo escritor, sino una diferente para cada libro. La imagen del ‘autor’ que utilizamos no es, obviamente, más que una convención puramente ideal”[2]

NARRADOR
“Estábamos en la sala de estudio cuando entro el director seguido de un novato con traje de aldeano y un bedel cargado con su pupitre”
Cuando se leen estas líneas, el inicio de Madame Bovary, nos encontramos a una entidad diferente de Gustave Flaubert. Aunque inicia con un “Estábamos”, la novela entera la dirá en tercera persona, sabrá todo de todos los personajes y también dará a veces sus propias opiniones de lo que está pasando dentro de la ficción.
¿Quién habla?
En el teatro, el problema no se plantea. El autor sale de la escena, se sienta en la platea, y da la palabra a sus personajes. En la novela, en cambio, el autor da la palabra a un narrador, y éste eventualmente a sus personajes. Sobre la escena del diálogo es puro, en la novela siempre más o menos teñido: <>”[3] El narrador no se identifica totalmente con el autor de la obra, ni siquiera cuando la narración se vale de la primera persona, pues el “yo” de la ficción no es el “yo” de quien escribe una solicitud de empleo o de quien paga la renta. El narrador parte del autor, pero al ingresar al terreno de la ficción se vuelve otra persona, otra entidad.

El narrador es el sujeto de la enunciación del discurso, en el que el personaje dice “yo”. (Sin importar en que persona gramatical esté enunciando).
En el narrador se combinan dos protagonistas de la ficción narrativa: el que ve u observa y el que narra. Dicho de otra manera, el narrador es quien tiene el “foco” (punto de vista) y la voz (La capacidad para enunciar). No se identifica totalmente con el autor de la obra, ni siquiera cuando la narración se vale de la primera persona, pues el “yo” de la ficción no es el “yo” de quien escribe una solicitud de empleo o de quien paga la renta. A pesar de que el narrador se nutre de los conocimientos y de la visión del mundo del autor, el primero se distancia del segundo en la medida en que representa un papel independiente en la obra, aún en el caso de la literatura “En abismo”.
El narrador es un personaje más, pero se mueve en un plano diferente al de los demás personajes. Puede ser parte del la acción narrativa (Como Juan Preciado de Pedro Páramo) o puede quedarse al margen de ella como una fuerza externa (Como el omnisciente de Madame Bovary) . Además del papel que pueda tener el narrador como personaje en la obra literaria, tiene otro: es el que estructura el relato.

“Conocí a Dean poco después de que mi mujer y yo nos separásemos. Acababa de pasar una grave enfermedad de la que no me molestaré en hablar exceptuando que…”
Este es un ejemplo de la literatura “en abismo”. Cuando leemos el inicio de “En el camino” de Jack Kerouac, el narrador nos evoca con una primera persona. Si conocemos la vida del autor, sabemos que este es un texto autobiográfico. Sin embargo, no es el autor quien nos habla. El narrador de “en el camino” se ha distanciado de Kerouac en la medida en que puede estructurar el discurso literario en el que está, y al mismo tiempo está participando del mismo. En este caso el narrador-personaje y el autor son muy parecidos, en este caso, se dice que hay un “autor implícito” muy fuerte en el relato.

AUTOR IMPLÍCITO
Cuando Flaubert dice:
“Acabaron de hablar con harta frecuencia de cosas ajenas a su amor, y Emma, en sus cartas, hablaba de flores, de versos, de luna y de estrellas, recursos ingenuos para una pasión débil, que recurría para robustecerse, a ayudas exteriores…”

Quien está hablando es el narrador, pero al dar su opinión en la descripción, le está dando cabida al autor implícito. Esta entidad es la presencia que tiene el autor como persona con una determinada moralidad, ideología y cosmovisión, dentro del relato. El párrafo presentado con anterioridad se puede dividir en dos partes: la primera es pura descripción (Las cosas de las que hablaba Emma Bovary, que termina hasta “estrellas”), pero en la segunda, el narrador refleja lo que piensa el autor de dichas acciones de el personaje. Es en ese comentario, en donde se ve la presencia de Flaubert, es decir, al autor implícito dentro del narrador.

CONCLUSIONES
El narrador es una entidad distinta al autor. No solo comunica la historia al virtual lector (narratario); también puede explicitar que él es el organizador del discurso narrativo, y puede aparecer como personaje, como testigo o incluso tratar de manipular al lector con sus comentarios, explicaciones, justificaciones y otras manifestaciones de su criterio respecto de lo que se narra (autor implícito). Siempre va a señalar la distancia entre él y sus personajes, y puede llegar al extremo de cederles la palabra, pero nunca les dejará estructurar el relato.
El narrador puede ser conjugado en tres personas: “yo”, “Tú” y “él”. Se dice que el narrador en primera persona es el más cercano al autor. La narración en segunda es más cercana al lector (o al narratario), y la narración en tercera es “neutral”. Es tan cercana a uno como al otro.

[1] Oscar Tacca, Las voces de la novela, Gredos, España, 1985, pps. 155-56
[2] Oscar Tacca, Las voces de la novela, Gredos, España, 1985, pág. 17-18
[3] Oscar Tacca, Las voces de la novela, Gredos, España, 1985, pág. 22

Articulo extraído de http://yoatecutli.blogspot.com/2005/06/el-narrador-y-el-autor.html

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