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La hescritora ama las palabras, las frases, las letras, los párrafos. También siente un gran amor hacia su nueva máquina de escribir, sobre todo porque le ha costado una fortuna. Pero ha querido que fuera alemana y eso tiene un precio.

La hescritora vive tan obsesionada con las letras que estuvo a punto de apadrinar a un niño africano cuando supo que se llamaba U-Ge-ele. Además de tener un nombre que reúne tres letras, U-Ge-ele es zaireño y acaba de cumplir seis años, su foto aparecía en un folleto de ayuda al Tercer Mundo que dejaron en su buzón. Si finalmente no se decidió fue porque tenía que rellenar un interminable cuestionario para el banco. Y la hescritora ama las letras, pero detesta los números. Cuando va al colmado, siempre elige las marcas que tienen la tipografía más hermosa. Por ejemplo, su leche preferida se llama La Vaca María, porque está escrita con una letra estilizada. En cambio, nunca compraría leche Pureza, aunque es más económica, porque sus caracteres son desproporcionados y excesivamente gruesos, tanto que le resultan agresivos.
La hescritora nunca ha publicado una novela importante. Sus mayores éxitos han sido algunos cuentos infantiles y también el texto que dedicó a su abuela el día de su entierro, en el que decía:
La M, la U, la E, la R, la T, la E. ¿Por qué os habéis unido? ¿Por qué me habéis hecho tanto daño? Yo quería mucho a mi abuela. 
Sólo tenía once años cuando lo escribió, y todos la felicitaron por su profundidad y madurez, mientras ella sólo podía llorar desconsolada. Estuvo tan afectada que durante varias semanas decidió hacer huelga de M, de U, de E, de R, de T y otra vez E. En el colegio se negaba a escribirlas. La maestra estaba desconcertada y sólo su padre y la fuerte bofetada que le propinó lograron convencerla de que volviera a utilizarlas. 
La hescritora, últimamente piensa mucho en Dios. Sobre todo desde que un conocido novelista dijo en una entrevista que un escritor es como un dios, que crea su propio mundo a su imagen y semejanza. El novelista tenía razón. Y la hescritora, a pesar de no ser importante, se siente importante. Aunque nunca ha tenido el reconocimiento de la crítica, sus libros se han vendido bien. Siempre se ha dicho que tiene una imaginación desbordante pero que no sabe estructurar las historias y que falla en su estilo. Lo que más desea en Edmundo es escribir una gran historia de amor, pero sabe que no podrá hacerlo hasta que la viva en su propia carne. Mientras tanto, tiene que conformarse con escribir novelas juveniles. En una ocasión le preguntaron qué le hubiera gustado de o haber elegida la literatura. Respondió que pintora….

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